Desintóxicar la Mente: Limpia, Crece y Evoluciona Para Tu Bienestar

Todos conocemos algún tipo de frase, oración, creencia o mandamiento que sin saberlo ha limitado nuestra actuación en la vida y que se instauró como una verdad en nuestra mente para luego, hacer de la historia que decidimos vivir una realidad fundamentada en mentiras o en erróneas y manipuladoras maneras de pensar.

Son esas frases que adoptamos de nuestro entorno y que ya están vencidas, que no tienen que ver con la realidad ni con la evolución del ser humano, esas que en lugar de hacerte avanzar y como las piensas ciertas, terminan haciéndote sentir culpable de tus decisiones o peor aún, te hacen negarte a ejecutarlas.

Y es que sí, hay patrones de conductas que se basan específicamente en mentiras que hemos arrastrado por años en nuestras culturas y que en ocasiones, llegan a hacernos sentir incapaces de vivir una vida plena.

Cada vez que escucho a alguien zafarse de esas limitaciones, me explota la cabeza de alegría porque es realmente agradable sentir que el despertar de muchos ha llegado y que la era de la victimización, el drama, la manipulación y la tragedia, al menos comienza a ser rechazado por una gran mayoría.

Hoy, sin ser psicólogo ni psicoanalista ni tener ningún estudio terapéutico que avale el comportamiento humano, hablaré desde mi experiencia y la de algunos cercanos, de lo que es desprenderse de todos esos pensamientos inútiles que a veces, nos mantienen atados a personas o a situaciones desde nuestro subconsciente, sin dejarnos avanzar. ¡Comenzamos!

Lo que piensas cierto, te limita

La mente humana es tan compleja pero del mismo modo, tan cómoda, por llamarlo de alguna manera, que prefiere seguir patrones antes que cuestionar si realmente éstos suceden por algo lógico y no por un pensamiento que se ha implantado durante siglos en nuestras memorias y en la de nuestros ancestros.

Desde esa base parto para entender que quienes buscan un despertar de su conciencia, lo primero que deben hacer es replantearse la existencia tal y como la han vivido hasta ahora, porque ciertamente, desaprender patrones, conductas y estilos de vida, para algunos no será lo más fácil, sino que por el contrario costará mucho.

Pero más que de la consciencia, hoy quiero hablarte de eso que sabemos que en ocasiones ni siquiera tiene fundamento pero seguimos viviendo como cierto y más que eso, defendiéndolo y transmitiéndolo a las siguientes generaciones sin haber comprobado si quiera si hubo algo de eficaz en ello.

Por cuestiones de creencias, culturas, religión, tradiciones y mucho de ese tema, hemos visto a lo largo de los años y de la historia, una cantidad de hechos alocados, misteriosos y en ocasiones, trágicos y peligrosos de la condición humana y si crees que exagero al decir que son peligrosos, solo piensa en todas las niñas con mutilaciones genitales cuyos defensores de esas tradiciones, creen que es mejor así por tal o cual razón.

También puedes recordar el caso de las mujeres que son apaleadas y asesinadas en base a una religión que limita todos sus derechos hasta el punto de que si alguna de ellas es violentada sexualmente, además debe pagar con su vida pues su pureza ya no está, como si el hecho de ser violada es su responsabilidad.

Obviamente, esos son casos exagerados, graves pero que sí ocurren, al igual que ocurre por ejemplo, que aún en esta era sigamos conviviendo con el tema de la virginidad para que por ejemplo y dependiendo de la religión, pueda una pareja contraer matrimonio y la mujer sea considerada pura y de esa manera pueda ganarse el respeto de sus iguales.

Conozco el caso de una chica cuyos padres provienen de Siria y estaba comprometida en matrimonio desde antes de nacer incluso. El novio que habían escogido para ella era solo un par de años mayor y aunque vivían en países distintos y nunca se habían visto, tenían ese compromiso mental en el que debían sentirse enamorados.

Cuando por fin se conocieron, ambos se gustaron, lo que yo particularmente celebro porque he conocido otros casos en los que los futuros consortes no se gustan ni un poquito o en el que uno de los dos es homosexual y ahí, si se pone fea la cosa, pero continuando con mi relato original, después de verse, decidieron entonces comenzar cuanto antes los preparativos para su boda.

La cosa es que ella, quien había crecido en un país occidental, ya había tenido varios novios a escondidas y por supuesto, con muchos de ellos había intimado sexualmente. Supongo que él de igual manera, había tenido ya sus experiencias aunque nunca les pregunté.

Lo cierto es que, debiendo dar continuidad a la tradición religiosa de su familia, la noche de bodas, él debió hacerse una herida en el dedo del pie para poder manchar con su sangre un pañuelo y una sabana que la madre de la muchacha debía enseñar a todos en una alocada y humillante exhibición de orgullo por la virginidad de su hija.

Cuando me hablan de tradiciones, pienso automáticamente en todas las limitaciones que por esta palabra, llegan a la vida de las personas, que dicho sea de paso, nunca pidieron vivirlas ni experimentarlas.

Como ese caso de la virginidad del que acabo de hablarte, existen cientos de casos con otras limitaciones que al sol de hoy se siguen considerando justas y que no tienen absolutamente nada que ver con una verdad, con algo que realmente deje un bien a la conducta humana y ni siquiera, con algo que se haga desde el querer y no desde el deber.

Por ejemplo, hay una frase que me causa bastante conflicto y es la que dice aquello de que debemos persistir hasta lograr nuestras metas, nuestros objetivos o lo que sea que esas palabras representen en nuestra vida.

Y entonces, me voy por el lado emocional y pregunto ¿Cómo se llama cuando no aceptamos que algo que ya hemos intentado, por lo que ya hemos trabajado, por lo que con constancia hemos mejorado, definitivamente no se da? ¿Debemos entonces sentirnos incapaces a pesar de haber hecho todos los esfuerzos que nos resultaron posibles? ¿Debemos cargar con un estado emocional que nos haga sentir mediocres e incapaces?

Pues mi respuesta es No. En mi caso, insistir en un tema que me está trayendo más frustraciones y sin sabores que alegrías y bienestar, no significa para mí rendición, sino por el contrario, oportunidad de encontrar bienestar sabiendo que lo intenté, que hice todo lo que pude pero que definitivamente, el hecho de no lograrlo no me hará obsesionarme, porque sí, para mí, insistir demasiado sabiendo que después de todos los esfuerzos nada ocurrirá, más que necio es obsesivo.

Y si no me crees, te pondré un ejemplo muy muy fácil y que seguramente te hará entender mi punto. Imagina que alguien se enamora de ti pero a ti esa persona no te gusta ni un poquito por las razones que sea. Pero no tienes pareja así que esta persona intenta por todos los medios cortejarte, simpatizarte y llamar tu atención. El problema no está en quien quiere intentarlo, está en ti que no sientes atracción hacia esa persona y eso, ni siquiera es un problema, es una realidad.

¿Qué pensarías entonces si día tras día esta persona está insistente a pesar de ya haberle explicado que no tiene oportunidad? ¿Qué sentirías si no te escucha y comienzas a encontrarle en todas partes y a recibir mensajes, llamadas, regalos y atenciones porque esa persona piensa que no debe rendirse y que si persiste logrará que le des tu atención? ¿A qué es bastante incómodo y ya pensaste en alguien con quien viviste una experiencia similar?

Pues bien, eso es de lo que hablo. Cuando nos han dicho que debemos insistir, que no debemos rendirnos, que la vida le sonríe a quienes continúan empujando al destino, no nos dan oportunidad de aprender a perder y eso no está bien.

Obviamente, nadie quiere sentirse perdedor, pero tampoco, nadie quiere sentirse incapaz de manejar las frustraciones que se le presentan en la vida, así que lo interesante de este asunto es que al menos para mí, invertir tiempo, energía, esfuerzo, recursos y hasta emociones en una situación poco probable no tiene nada de loable ni tampoco tiene que ver con mis capacidades ni con el optimismo con el que veo la vida sino con la aceptación de lo que depende y no depende de mi misma.

Aprende a desaprender

Como te dije al principio de este artículo, los seres humanos preferimos seguir patrones sin preguntarnos desde dónde salieron ni por qué no podemos hacer las cosas de una manera distinta, así que si nos resulta y además, también les resultó a los miembros de nuestra familia, pues ahí nos veremos por generaciones, siguiendo conductas aprendidas de nuestros ancestros y repitiéndolas sin siquiera atrevernos a pensar en ellas como el aspecto discordante desde el cual, tal vez, podamos cambiar nuestra realidad.

Te lo cuento mejor. Hay maneras de ser y de pensar que adoptamos como propias y que nos metemos en la cabeza como una verdad innegable pero que si las analizamos mejor, entenderemos que hemos estado guiándonos por conceptos equivocados.

¿Recuerdas de casualidad esa frase que reza que es mejor malo conocido que bueno por conocer? En mi opinión, esa es una de las más nefastas oraciones que he escuchado, leído y visto jamás. Y estoy segura de que muchos han justificado su miedo al cambio con ella, arrastrando entonces su propia evolución por el más embarrialado de los pisos.

Cuando prefieres quedarte con lo que ya reconoces como malo por miedo a tener una decepción, no solo estás negándote a la posibilidad infinita de mejorar tu presente, sino que estás dando por sentado que eres incapaz de precisar un cambio en tu vida porque estás conforme y a gusto con lo que sea que sabes que es malo pero te aferras a querer que permanezca.

En ese caso, te niegas a la evolución, al desarrollo, a lo que te permitirá mejorar y entonces, permanecerás estancado sin permitirte conocer otras realidades debido a miedos infundados que ni siquiera son tuyos. Además, estás haciendo una exhibición gigantesca de pesimismo y frecuencia de energía vital baja al demostrarte incrédulo de lo que el universo tiene para ti.

Recuerdo a una muchacha que siempre estaba quejándose de su existencia, de su suerte, de su soledad y de su interminable soltería. Conoció a un chico que parecía bastante amable, educado, honesto, trabajador y muy entusiasmado en formalizar con ella una relación. Todos pensamos que finalmente, iba a aceptarlo.

Pero ella terminó rechazándolo y alejándolo de su vida porque sentía que era muy bueno para ser verdad y entonces, él se cansó de insistir y ya nunca volvió. Ella regresó a su rutina de quejas y por supuesto, a pensar que tenía razón y que él era muy bueno para ella, así que mejor se quedaba con lo que ya conocía, pues según sus palabras esas son «ofertas engañosas«.

Cuando he hablado de las ovejas negras hago especial énfasis en quienes sin disimulo, se salen de esos patrones y conductas que no sienten como propias y que además, sienten que les limita la manera de vivir. Esa es la razón por la que digo que adoro a ese tipo de personas pues viven en un constante desenredo de todo lo que les llegó a su vida como «herencia» y con lo que no están de acuerdo.

¿La Crisis de los 40?

Hace unos días hablaba con un grupo de amigas que es bien nutrido y por supuesto y como era de esperarse, con pensamientos distintos de lo que significa una relación de pareja.

Muchas de ellas, tuvieron un único novio desde que tenían una muy tierna edad, que para mí lo es la etapa de la adolescencia, esa en la que apenas sales de jugar muñecas y no entiendes aún lo que significa tener un novio o qué hacer exactamente con él.

Obviamente, la mayoría de ellas se casó con ese primer novio, sin conocer a otros hombres y al menos tener la oportunidad de comparar experiencias. Toda esa mayoría, hoy y después de 20 años de matrimonio, están divorciadas o atravesando ese proceso.

Siempre me llamó la atención cuando escuchaba hablar de la crisis de los 40. ¿Qué crisis será esa y por qué llega justo a los 40 años? Pues a mi percepción, esa es la edad en la que quienes asumieron responsabilidades tempranas de pareja y hogar, comienzan a hastiarse de esos compromisos y deciden empezar a vivir una nueva etapa, en la que lamentablemente, los hogares terminan destruidos.

Entonces, para mí, esas crisis no son más que la consecuencia de decisiones inmaduras que se toman cuando tienes menos de 20 años de edad y decides asumir la responsabilidad de formar un hogar con la única persona con la que has tenido una relación de pareja.

Obviamente, cada vez que hablo de esto, que repito, es mi opinión basada en las conclusiones a las que he llegado luego de las historias de vida que he experimentado y conocido de cerca, muchos se escandalizan, especialmente, estas amigas que tengo que terminan dándome la razón.

Y les pregunto siempre, ¿Por qué te casaste tan joven? La respuesta es que ya tenían mucho tiempo de novios y que todo iba bien; que ya estaban «en edad» (como si a los 20 años tienes mucha experiencia de vida), otras dicen que querían independizarse (no me queda claro cómo) y algunas otras aseguran que porque así lo habían hecho sus abuelas, madres, tías, entre otras figuras.

Lo cierto es que a mí me queda muy claro que todo este grupo de mujeres, que es bastante grande y que además, hoy en día están todas divorciadas o en proceso de divorcio como ya te dije, se dejaron llevar por un patrón que ya habían visto antes dentro de sus hogares y que consideraron normal.

Porque en efecto, lo anormal en algunas sociedades y familias es que tengas 25 años y aún te rehúses a tener algún pretendiente, a casarte o a formar un hogar, como si es un deber de vida tener que tomar una responsabilidad así antes de esa edad, en la que además, ni siquiera has tenido chance de vivir a plenitud.

Rescata el Pensamiento Crítico

Cuando nos dejamos llevar por lo que dice la mayoría, perdemos nuestra individualidad, nuestra singularidad, lo que nos hace únicos, lo que nos permite pensar de una manera distinta y ofrecer al mundo que nos rodea una percepción más en lugar de sumarla a una ya conocida.

Y cuando eso ocurre, entonces eres la oveja negra, la que no hace caso al pastor, la que se desalinea, la que establece el principio del desorden y obviamente, a las masas, a las manadas, eso no les agrada, así que deberás cargar con un motón de prejuicios solo por pensar distinto, por ser individual, por defender lo que crees cierto e incluso, por dar tu opinión.

Esas presiones de grupo, de manada, hace en muchos casos que los más débiles de mente, accedan a lo que no quieren, a lo que les resulta chocante, a lo que va en contra de lo que piensan y sí, los hace dudar de su sentir, de su pensar y finalmente, de la belleza que representa la individualidad.

Montones de experimentos sociales se hacen cada día para comprobar cómo, el pensamiento de manada sigue haciendo que las personas se ajusten a un estilo de vida que ni siquiera entienden. Las redes sociales son muestras de ello todos los días.

Conozco personas que se cohíben de opinar porque no quieren enfrentar el pensamiento único de una mayoría aplastante que se cree con la verdad en las manos. Sin ir muy lejos, hace poco leí personalmente opiniones en las que aquello que nos causó temor, indignación y rechazo hasta hace muy poco tiempo, era nuevamente traído a colación debido a la pandemia por el Covid.

Me tocó leer a especialistas, profesionales, médicos y cualquier cantidad de personas diciendo que quienes se negaran a vacunarse, aún a pesar de que esas vacunas estaban en etapa experimental, debían ser desprovistos de todos los derechos.

Pero es que no solo lo leí, también se evidenció en muchos países con pases de vacunación, con restaurantes a los que no podían acceder si las personas no estaban vacunadas e incluso, con el tapabocas, el cual se exigía para entrar en un establecimiento, pero una vez dentro, podías quitártelo.

Hubo muchísimas personas diciendo que quienes se negaran a las vacunas debían quedarse marginados de sus derechos y entonces, pensaba yo, ¿No fue así como comenzó Hitler, por ejemplo, a segregar a la población? ¿No fue por medio de esas excusas aterradoras en contra de una parte de la población como terminó asesinando a miles de judíos?

La historia parece ser dantesca cuando solo la observamos desde lejos pero el ser humano sigue demostrando que el miedo es una de las armas más aprovechables para mantenerles controlados.

Cuando no hay debate, discusión ni pensamiento crítico, terminamos aislados en una zona de confort dónde nos rodeamos de nuestros iguales y donde el que piensa distinto a nosotros, en lugar de enriquecer nuestros puntos de vista sobre un tema, se convierte automáticamente en un enemigo, aunque sea precisamente, en el mundo de las redes sociales.

Obedecer ciegamente a algunas personas o a lo que ellas representan, es por lejos, una manera de demostrar tus pensamientos o de hacerte parte de un cambio que beneficiará tu vida.

Y no con esto quiero decirte que salgas mañana y acabes con el mundo conocido, pero sí te pido, que cuestiones no solamente las creencias que ya has experimentado a lo largo de tu vida y con la que hasta ahora no resuenas, sino además, todo lo que llegue a ti y que al menos, produzca o trate de cambiar significativamente tu vida.

El psicólogo Walter Riso, habla de elementos que debemos tener presentes para vivir en consonancia con nuestra individualidad y estos son:

  • Irreverencia para no rendir culto ni pleitesía a lo figuras de autoridad
  • Mente singularizada que exalte el pensamiento y la acción individual
  • Mente inconforme que cuestione

Él asegura que estos elementos juntos forman un sistema de inmunidad que cuando se trabaja a fondo no permite que seas bloqueado, arrastrado, doblegado ni aplastado por el pensamiento colectivo y que además, te permite tomar conciencia de ti hasta que desarrolles habilidades que ni siquiera te habías propuesto.

Comienza a ser independiente, a gobernar tu vida, a tener auto respeto y a desarrollar una rebeldía sana

Walter Riso

Libérate de lo que sobra

Hay muchas situaciones, pensamientos y hasta personas en nuestra vida que definitivamente sobran. Soy de las que piensa que aunque sea algo egoísta, lo que me hace bien se queda y lo que me aleja de ese bienestar, irremediablemente, se va.

Y no porque sea débil para enfrentar lo que siento que me contradice, sino porque en algún momento de mi vida entendí que es tan corta nuestra estadía en el plano terrenal, que vivir en enfrentamientos constantes no vale mi tiempo.

Y esto lo aprendí con mis propias experiencias, sabiendo además cuántas equivocaciones cometí o vi cometer a gente que quiero, debido a patrones de conducta que los hacía caminar como borregos hacia el matadero.

Es increíble como algunos son absolutamente libres en unos temas y en otros tan cerrados. Para mí, por ejemplo, el tema de las religiones es bastante extenso pero entiendo que de difícil asimilación para quienes han crecido toda una vida con una educación religiosa que limita.

Yo crecí en un hogar católico, en el que fui bautizada, celebré la primera comunión, me confirmé como católica y hasta allí llegó la cosa. Estudié en un colegio de monjas en el que fuimos educados para creer que había un Dios malo que castigaba a quienes rompieran sus reglas.

Uno de mis primeros choques con la religión fue por ejemplo, saber que no podía comulgar porque no me casé y además de esto, tuve hijos de dos hombres distintos. O sea, ¿que de nada sirvieron los otros sacramentos? Pues al parecer no. Segregada y discriminada por haberme juntado con varones en lugar de desfilar por el pasillo central de la iglesia de mi pueblo vestida de blanco, entonces comencé a alejarme de lo que no me parecía unión sino un conjunto de reglas absurdas.

Pudiera decir que desde ahí inició mi sacudida del mundo religioso pero no fue así. Desde muchos años antes, mientras estudiaba en ese colegio de monjas, comencé a entender que Dios no podía castigarme a mí por decir una mentira piadosa para que una de mis amigas pasara su examen y no a las monjas que le robaban descaradamente los suéteres y accesorios que no fueran del color establecido por la institución a los alumnos que ni siquiera tenían recursos para comprarse otros.

Así fui paseando por las distintas creencias religiosas y años más tarde, tratando de entenderlas todas. Lo que me hizo llegar a la conclusión de que sí creo en Dios pero en uno bueno y que me dio libertad para hacer y deshacer con respeto mi propia vida.

Obviamente, al hablar de religiones muchos se escandalizan porque ilógicamente, quieren llamar a amar a Dios pero desde sus propias bases, normas y reglamentos y a mí eso no se me hace justo.

Así que no me cansaré de hablar de la parábola del elefante, en la que cinco representantes de religiones distintas, todos ciegos, fueron llevados a tocar un elefante para luego debatir. A ellos se les dijo que eso que tocaban era Dios.

El primero tocó la pata del animal y dijo que Dios era como el tronco de un árbol, fuerte y duro. El segundo tocó la oreja del paquidermo y dijo que Dios era como un abanico, suave y frágil. El tercero, tocó la cola del elefante y aseguró que Dios era como una cuerda fina, flexible y que servía para atar. El cuarto hombre acarició un colmillo y entonces, estuvo seguro que Dios era una especie de lanza con la que podía defenderse. El quinto hombre tocó el abdomen del elefante y dijo que Dios era como un muro en el que apoyarse y que también era muy duro.

Después de este encuentro, los cinco hombres fueron reunidos y se inició un debate entre ellos para ver quien tenía la razón de cómo era Dios. Todos lo habían tocado, todos habían estado ante su presencia y todos, por razones obvias, defendían lo que consideraban su verdad.

Como era de esperarse, salieron iracundos de la reunión y no lograron ponerse de acuerdo pues cada uno desmentía a los demás y aseguraba que su experiencia era la única que valía.

La cosa es que ciertamente, todos tenían razón, pero la humildad no les permitió entenderlo de esa manera, por lo que nunca más volvieron a hablarse y cada uno se fue por el mundo no solo llevando su experiencia a los suyos sino, desmintiendo a los otros.

Para mí, esos son las religiones pero necesitaría un espacio más grande que este para poder hablar de todo lo que me parece un despropósito de ellas, sabiendo además que son una de las más poderosas armas de manipulación y control que han existido desde todos los tiempos.

Y me refiero a las religiones como tal, no a la espiritualidad ni al Dios en el que tú y yo podamos creer, porque sí, te cuento que aunque no pertenezco a ninguna religión, me considero una persona de fe y muy ligada a todo el tema espiritual.

Como ya te decía, lo que sobra en la vida no es lo que te hace bien sino lo que te limita, lo que pretende controlar tus ideas y manipular tus pensamientos, lo que solo porque sí debes cumplir a cabalidad aunque no entiendas las razones por las que debes seguir las reglas.

Todos los aspectos de nuestra vida han sido limitados para hacernos tener pensamiento de manada y por eso, soy muy celosa de mi pensamiento crítico y te invito a ti que me lees, a que hagas lo mismo, desde tu propia experiencia y criterio.

No te permitas seguir reglas, tradiciones, creencias y patrones solo porque sí. Pregunta, cuestiona, busca una verdad que te acerque a la tranquilidad, pero abre tu conciencia y sal de esos pensamientos de manadas que quieren llevarnos a todos a un mismo estilo de vida, a un mismo sentir, a un camino que definitivamente es tan distante de la singularidad.


El pensamiento crítico es uno de los tesoros personales que posees. Hazlo tuyo porque solo con él en sus sentidos completos, podrás desenmascarar teorías que lejos de hacerte evolucionar, han marcado la tragedia humana.

Cada día, el despertar de la consciencia de muchos comienza a dar señales de vida y aunque es un camino duro, no hay nada que se asemeje a la experiencia maravillosa de ser críticos, libres y encaminados a que este mundo que pisamos, sea al menos un poco mejor para quienes en el han hallado su verdad.

Te dejo un artículo que escribí hace un tiempo sobre el despertar de la conciencia que espero que además, complemente esta lectura.

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2 thoughts on “Desintóxicar la Mente: Limpia, Crece y Evoluciona Para Tu Bienestar”

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