Soltar lo que Hace Daño: Claves para Empezar de Nuevo

Hace poco escuché o leí una frase que me resonó bastante y que no había analizado desde el punto de vista que el autor le dio. Decía algo así como que cuando las personas negativas o tóxicas que te rodean ven que estás superándote, tienden a recordarte todo aquello que no te salió bien en el pasado para buscar minimizar tus logros al no poder ser capaces de reconocerlos.

Me quedé reflexionando sobre ese enfoque pues, aunque es cierto, también nosotros mismos tendemos a creer, cuando estamos pasando por un buen momento, que no lo merecemos, pero, además, sentimos cierto temor de disfrutarlo pues, pensamos que pronto acabará y vendrán momentos difíciles.

No sé la razón por la que es así, tal vez es una herencia genética o es parte del legado de toxicidad que han dejado nuestros ancestros en nuestra historia. Lo cierto es que, quienes pasan por momentos duros en su vida, tienden, además, a aferrarse a ellos como si no existiera una salida.

En cada crisis que enfrentamos en la vida, hay una resolución que debemos tener siempre presente y es que, pese a lo que sea que estamos pasando, el final de esos capítulos también llegará.

Sin embargo, cuando estamos en esos momentos de oscuridad total, no es mucho el optimismo con el que vemos la vida y, aunque soy defensora de vivir cada uno de los estados emocionales por los que atravesamos como seres humanos, también lo soy de una máxima que me he prohibido olvidar: Soltar duele menos que quedarse enganchado.

Hoy estaré hablando de cómo superar o deshacernos de esos momentos que nos mantienen enganchados al sufrimiento y del que, a veces, pensamos que no podremos salir. ¡Comenzamos!

Todo pasa, pero ¿Cuándo?

Es normal que se nos hagan eternos los momentos de angustia, tristeza, nostalgia y en general, todos esos en los que los bajones emocionales parecen tener el control de nuestras vidas.

Como ya lo he dicho muchas veces, cada sentimiento y pensamiento que tengamos es importante para nuestra existencia, por lo que eso de hacer que nada pasa, de comerse las emociones, de tener que demostrar que somos insuperables y que nada nos derriba, no son más que cuentos de camino de un positivismo bastante tóxico en el que se pretenden invalidar nuestras emociones como que si estas fueran dañinas.

Y sí, claro que es dañino estar por mucho tiempo sintiéndote triste, adolorido o angustiado, pero, lo que debes saber es que cuando experimentas tus emociones, tienes además la posibilidad de enfrentarlas y de reconocerlas y es desde ese reconocimiento desde dónde nacen las soluciones.

Mira, no te voy a mentir porque debes saber que hay momentos muy intensos en los que la traición, el duelo, la pérdida, el desamor y cualquier otra cantidad de situaciones que nos ocurren como seres humanos, nos hacen dar una voltereta mortal en la que quedamos deshechos; sin embargo, quedarse enganchados al sufrimiento nunca será la mejor solución.

Todos, en algún momento de nuestra existencia hemos pasado por eso y sí, claro que sentimos morir en vida cuando alguno de esos momentos nos cambia las señas y nos hace abrir los ojos a una realidad que no queríamos vivir.

Sin embargo, quedarte enganchado eternamente a un sufrimiento, no hará que tu vida sea mejor, por el contrario, mientras más pronto decidas superar lo sucedido, mejor será para ti.

Cómo lograrlo es una de las aristas que seguramente te has preguntado en más de una oportunidad porque tal vez sientes que ya lo has intentado todo, pero, la buena noticia es que podrás salir de esa noche oscura con mucha más fortaleza en lo que entiendas a las emociones que te causaron el dolor que atraviesas.

Claro que, en esos momentos, todos queremos una solución inmediata, algo que nos haga mejorar nuestro duelo y nuestras emociones, pero, créeme que lo mejor que puedes hacer es tratar de soltar lo que te está doliendo y reconocer eso, que te ha dolido.

La raíz de los miedos

Una vez que enfrentamos lo que nos hace daño, tendemos a reconocer nuestros errores o, mejor dicho, nuestros dolores y cuando esto es así, entonces comienza un proceso de depuración y de entendimiento en el que, aunque algunos buscan flagelarse, a otros les sirve para acumular eso que llaman experiencia.

No sé cuál sea tu caso pues, estas emociones se derivan generalmente de pérdidas bien sea en el ámbito personal, amoroso, laboral o social, así como de cualquier otro que para ti sea importante.

Sé que escuchar frases como que todo pasará y que el tiempo lo cura todo, probablemente te dejen con una sensación de frustración bien chocante y, esto lo entiendo bien, pues resulta que no puedes solo dejar que el tiempo pase y lanzar tus emociones a la probabilidad de que, con el paso de los días, te dolerá menos.

Sin embargo, eres tú quien decide hasta cuando duele y eso solo lo vas a lograr cuando te enfrentes a esos dolores, a esos miedos y a esas situaciones que te hicieron sentir abatido.

Hace unos días, me tocó presenciar la traición y las mentiras que debió enfrentar un muy buen amigo de alma solidaria que siempre, desde su bondad, apuesta por la gente. Una vez más, le dio su confianza a alguien que terminó robándole no solo en lo material sino en lo que tiene que ver con su paz espiritual.

Estuve varios días viendo cómo se desgastaba acumulando más pruebas de todas las traiciones y robos cometidos por ese a quien le brindó su confianza y lo triste del caso, es que la otra persona estaba como si nada, mientras él, avergonzado por la vida, daba explicaciones de lo ocurrido a involucrados y curiosos.

Después de pasados varios días, y entendiendo además el dolor de la traición que sentía, le sugerí soltar la situación cuando le pregunté de qué servían todas esas pruebas nuevas que, para mí, solo eran como un grano de arena más sobre el desierto. Nada cambiaría con ellas.

Cuando alguien te traiciona está demostrando quién es y de qué está hecho. No importa las intenciones maravillosas que tú tuviste. Ni siquiera importan todas las veces que quisiste ayudarle. Entonces, debes entender que ese mal que hoy te duele, no fue producido por ti y no te pertenece.

¿Recuerdas la historia de la rana en la olla de agua caliente? Pues, te la contaré.

Una rana trató de entrar en una olla, pero, al sentir la altísima temperatura del agua, de un brinco cayó fuera de ella. Por eso, logró salvar su vida.

Sin embargo, días después encontró otra olla con agua que recién alguien había puesto a hervir.

Como cuando llegó, aquella agua aún estaba fría, la ranita se quedó ahí. Conforme fue aumentando la temperatura, su cuerpo se fue acostumbrando a ese calor que no era nada sano para ella, hasta que finalmente, la rana murió debido a las quemaduras que ni siquiera supo que estaba recibiendo.

Siempre recuerdo esa historia cuando alguien muestra su verdadera intención y lo hago porque, aunque me pueda producir tristeza o enojo la respuesta de alguien, la prefiero rápidamente antes de que pasar mucho tiempo "cocinándome" como la rana.

Claro, eso no alivia el dolor que puedas sentir con alguna pérdida o traición, pero sí, te ofrece una nueva oportunidad y éstas, siempre deben ser bienvenidas a tu vida.

¿Qué es lo peor que puede pasar?

Hay algo que me gusta mucho y que es lo único que me hace levantarme cuando siento que he caído a un pozo sin fondo: Pensar en cuál es el escenario más nefasto para mi situación.

Resulta que muchas veces la incertidumbre es nuestro mayor verdugo y es por eso que no le vemos salida a nuestra realidad. Sin embargo, cuando con determinación y hasta exageración te planteas las posibles consecuencias de lo que estás viviendo, es decir, los posibles escenarios, entonces, la situación tiende a calmar tus nervios porque empiezas a hacer planes y a adelantarte en cuanto a respuestas.

Hay veces que pensamos que ni nuestro Ángel de la Guarda ni nuestro Doble Cuántico, podrán darnos luces para resolver la situación por la que estamos pasando, pero resulta que eso lo pensamos desde nuestras emociones negativas y todas ellas juntas, nos nublan la visión.

A lo mejor las soluciones son muy simples, pero, estás centrando tu enfoque en lo que no te permite darte cuenta de que hasta los escenarios más caóticos tendrán varias opciones que te beneficien, incluso.

Debo decir, además, que muchas veces, el carácter histriónico de muchos de nosotros hace que nos ahoguemos en un vaso de agua, pero, cuando con el paso del tiempo, vemos la solución que le dimos a aquella época de crisis que tuvimos, nos reímos al entender lo fácil que fue darle un final.

Y querido mío, la solución siempre será soltar. Dejar que las cosas fluyan y entender que los cambios, así como los imprevistos, queramos o no, forman y escriben nuestra historia, pero no el final de esta.

Trátate con amor

Hay una pregunta que siempre me hago cuando estoy pasando por un mal momento y es: ¿Cómo tratarías a un desconocido que te contara tu misma historia?

Y lo hago porque muchas veces tendemos a ser más benevolentes, compasivos y amorosos con otros que con nosotros mismos.

Cuando cometemos un error, no solo nos flagelamos, sino que usamos frases terribles para describirnos y eso es lo peor que podemos hacer porque además de lo que estás viviendo, también estarás debilitando tu autoestima.

Claro que es verdad que cada uno de nosotros debe hacerse responsable por lo que sucede, incluso cuando esto, como en el caso de mi amigo, no depende de nosotros sino de la respuesta de otro sobre nuestra confianza.

Pero, créeme que lo mejor que puedes hacer no es decirte tonto ni pensar que tus buenas acciones son las causantes de tus desgracias.

Sobre la pregunta que me hago, hay otra parte que también me es de mucha ayuda. Trato de pensar en las soluciones que le daría a alguien que quiero y que esté pasando por la misma situación.

Pienso en todas esas personas que me escriben y toman en cuenta mis recomendaciones sobre alguna de sus situaciones y que me han agradecido por haber intervenido con alguna de ellas y entonces me pregunto: ¿Qué le dirías en un caso así?

Y así, como por arte de magia, comienzan a surgir las respuestas, las soluciones o las recomendaciones nacidas desde la compasión, desde ese lugar en el que nos ponemos cuando queremos a alguien y le somos honestos, pero, al mismo tiempo, firmes sin tener que faltarles el respeto como muchos hacemos cuando nos criticamos a nosotros mismos.

Recuerdo el caso de una chica que me escribía mucho pues tenía problemas con su pareja. Él definitivamente le era infiel y ella, no solo lo sabía, sino que, al momento de tratar de hablarlo con él, sentía culpa de ser la "causante" de una discusión.

Siempre estaba sufriendo, llorando, nostálgica, temerosa y yo solo la escuchaba. Claro que estuve tentada en varias oportunidades a no volver a responderle porque era, siendo muy sincera, hasta cansón tener que escuchar las mismas historias una y otra vez.

El problema no era él. Siempre fue ella que se acostumbró a las migajas y al miedo. Le preguntaba constantemente por qué seguía aguantando esa situación y entonces, aparecía el amor como excusa.

En una ocasión le pregunté cuál sería su reacción si un día, definitivamente, él la dejaba y su respuesta fue que moriría de la tristeza. Así, letra por letra me lo dijo, así que entonces, supe que ella, realmente no buscaba una solución sino, perpetuar el sufrimiento que tenía y eso le respondí.

Tiempo después, volvimos a hablar y me dijo que después de aquella conversación se había quedado pensando y que días después, decidió enfrentar a su pareja y decirle todo eso que llevaba acumulando varios años, así que él decidió irse para no discutir, pero esta vez ella, lo dejó ir.

Cuando días después él regresó como si nada hubiese pasado, ella reafirmó su posición y, de hecho, al experimentar la sensación de libertad que ofrece el dejar ir, el soltar, el saber que nada esperas de otro estuvo cada día más cómoda diciéndole que no quería estar a su lado.

Finalmente, y con ayuda, fue recuperando su autoestima y dejando atrás todo aquel episodio que lejos de darle tranquilidad, la alejaba de ella. ¿Murió de tristeza? no. Nació de ella.

Aléjate de lo que te hace daño

Cuando terminas relaciones de amistad, de pareja o de otra índole que te importan mucho, lo mejor que puedes hacer es reconocer que debes alejarte, al menos por un tiempo de esa persona.

Muchas veces he dicho que soy partidaria de continuar una amistad después de una ruptura amorosa, pero por supuesto que esto depende de cada quien y especialmente, del tipo de relación que llevaron.

En mi caso, llevo una relación cordial y de confianza con los padres de mis dos hijos y eso, no solo hace que los aleje de ambientes de hostilidad y riña, sino que, además, para mí, vivirlo de esa manera se traduce en bienestar.

Por supuesto, esto es algo que requiere de mucha madurez y que no se logra de un día a otro. En mi caso, estoy negada a sacar tajantemente de mi vida a quienes, hasta el final de ella tendrán que ver con la de mis hijos y en vista de que así será, lo mejor que pude hacer es marcar distancia, en primer lugar y luego, cuando ya los sentimientos y las emociones se habían calmado, continuar con un trato amable y cortés.

Pero, repito, esto requiere de mucha madurez y de entender, además, que la relación sentimental con ellos terminó y así seguirá.

Por muy maduro que creas ser, si has terminado una relación y quieres continuar con la comunicación, eso es perfectamente posible, pero, debes entender entonces que ésta no será como solía ser y que, de hecho, marcar distancia es lo mejor que puedes hacer si aún no has superado la ruptura.

Espiar por redes sociales, mirar lo que ha hecho y hasta reclamar por situaciones que sucedieron antes o después de la ruptura, son cosas que no debes hacer porque, ya no son de tu incumbencia.

Recuerdo a una amiga, a quien quiero mucho, que luego de unos dos o tres años de haber terminado con su novio, me llamó para hablarme pestes de él porque le había reclamado algo y él le había dicho que estaba loca.

Al principio todo fue confuso, pero después entendí lo que también me pareció una locura pero que ella, había hecho sin desparpajo.

Sí, dos o tres años después de haberse separado, mientras continuaba estalkeando sus redes sociales, encontró unas fotos de él con otras mujeres, pero se dio cuenta de que en el tiempo en el que se tomaron las fotografías, ellos estaban juntos, así que ella no le vio ningún problema al hecho de llamarlo y recriminarle por eso pues, defendió con espada y capa el hecho de que fue una infidelidad mientras aún eran novios.

De hecho, fue tajante al decirme que lo que hacía él desde el momento en el que terminaron hasta entonces, no era asunto suyo, pero, de ese caso puntual, ella sí tenía derecho a reclamar.

Obviamente, mi querida amiga estaba muy mal y fue justo en ese momento en el que entendí que ella no había soltado la situación y que lejos de que así fuera, él tenía razón al decirle que debía acudir con un psicólogo.

Nada ganarás haciéndote daño mientras miras en redes sociales si tu ex está pasándola bien o no. De hecho, yo recomiendo bloquear o silenciar, pues muchas veces somos nuestros propios verdugos y eso nos aleja de nuestra meta que es, definitivamente, superar la ruptura.

Lo mismo ocurre con relaciones de amistad o de familia. Estar ahí, no más buscando lo que nos hace daño, no te hará salir de la situación y lejos de hacerlo, podría empeorarla, así que lo más recomendable es tener una distancia prudencial y cambiar de escenarios por tu propio bienestar.

Aférrate al presente

Ni todas las angustias que puedas sentir cambiarán el futuro ni todos los arrepentimientos, borrarán el pasado, así que si algo debes entender es que el único tiempo en el que puedes hacer algo por mejorar tu condición, es el presente.

Si eres de esas personas que tienden a culparse por las cosas que le han sucedido, debo decirte que sí, es muy bueno que tengas responsabilidad y afrontes las consecuencias de tus actos, pero, no puedes pasar el resto de tu vida cargando con esa culpa sobre tu espalda.

El hecho de que reconozcas tus errores te hace estar un paso adelante de donde estuviste al momento de cometerlos, así que si debes practicar la autocompasión con alguien, que sea contigo mismo.

Hoy, en este momento, no eres la misma persona que fuiste ayer y cada aprendizaje y cada lección que obtengas, te hace estar más preparado para el futuro, pero ni siquiera eso detendrá el futuro que, de paso, ni siquiera sabes cuál será.

No te digo que no te planifiques, pero sí, que, en materia de angustias, te des de baja porque ellas de nada servirán al momento de vivir el mañana.

Recuerda, el único tiempo en el que puedes hacer algo por ti y por otros, es hoy y aunque suene a frase cliché de catálogo, es bueno que lo memorices pues ninguna cantidad de culpas, arrepentimientos o angustias, podrán cambiar los tiempos que no vives.


Bloquea los pensamientos y sentimientos negativos de tu vida apenas los sientas llegar. Esa es otra manera de salir del estancamiento y no quedarte anclado a situaciones dolorosas.

Piensa en todo eso que te produce tristeza, incertidumbre y angustia y simbólicamente, permite que esas emociones que te causan pesar se liberen de tu presente.

Recuerda que tu pensamiento es poderoso y todo lo que atraerás es lo que consciente e inconscientemente, está dentro de él. Aprende a soltar y experimenta la sensación más gratificante que puedes sentir: ser libre, incluso de ti mismo.

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