La Oveja Negra de la Familia: Los Sanadores del Clan

Todos conocemos a ese alguien que desentona absolutamente con su entorno familiar y a veces, social, pero que parece vivir incluso más feliz y en libertad de lo que los integrantes de ese entorno lo hacen.

Son personas libres y conscientes, aunque no dentro del rango de normalidad o conciencia que su entorno considera conveniente, por lo que en muchas ocasiones su vida está rodeada de críticas, de asperezas e incluso, de aislamiento por parte de quienes deberían ser pilares de su mundo.

Muchas veces, a estas personas se les cataloga como las ovejas negras, las que han decidido ir en contra de lo establecido, las que experimentan otras vivencias, las que terminan haciendo exactamente lo contrario a lo que se esperaba de ellos y que incluso, se apartan de lo que fue la base de su mundo.

Algunos los llaman los incomprendidos, pero siento que esa incomprensión viene más bien en base a la intolerancia de otros con respecto a las decisiones que toma cada uno.

Hay varias tendencias que hablan de los llamados ovejas negras en los grupos familiares. Unas las relacionan con liberación y sanación y otros, con destrucción y caos. Cada uno tiene una visión y hoy, quiero revisarlas y exponerlas para ti.

En esta oportunidad, hablaré de esas ovejas negras y de cómo en el mundo espiritual se cree que son quienes han venido a romper patrones en sus familias, a desmarañar conceptos y a sanar emocionalmente, todos los procesos Karmicos de sus antecesores. ¡Comenzamos!

La Historia de Eduardo

Conocí a Eduardo hace muchos años, siendo amigo de mi hermano. Es dueño de un carácter libre, de una personalidad descomplicada pero también magnética y es dueño de la mirada y la sonrisa más dulce que alguna vez vi.

Cuando lo conocí, era un muchacho de unos 18 años. Yo era menor que él.

Sus padres eran médicos muy reconocidos que acababan de mudarse de la ciudad en la que vivían. Tiempo después alguien me comentó que lo hicieron con la ilusión de sacar a Eduardo de ciertas ideas que estaba teniendo acerca de su vida.

Él tenía una hermana, muy linda y aplicada en sus estudios. Era una familia de guapos. Así les decía yo, porque físicamente todos eran muy atractivos. Algunas de mis soñadoras compañeras de estudios decían que eran como una familia de película, perfecta.

Sin embargo, bien temprano en mi vida comprendí que la perfección no existe y que cada uno lleva lo mejor que puede las situaciones que se van presentando a lo largo de nuestras existencia. Y por supuesto que no me equivoqué con respecto a la familia de Eduardo.

Sus padres, hoy entiendo como madre que así fue, querían que él tuviera un futuro prometedor. No solo los abuelos paternos sino los maternos y creo que mucho más allá de su árbol genealógico, eran médicos. Eduardo que era el primer hijo, el primer nieto y el primer bisnieto de ambas familias, debía continuar con la tradición. Llevaba un peso en sus hombros que no pidió pero que nacía en las expectativas de todos sus familiares.

Contrario a lo que muchos pensaban que sería, Eduardo no se interesaba en lo absoluto por la medicina. Lo único que quería era ser libre, viajar y vivir experiencias que le hicieran sentir esa adrenalina que necesitaba en el cuerpo y en el alma.

Era cautivador escucharle hablar de sus experiencias en la montaña, o de los sueños que tenía por convertirse en mochilero y viajar por el mundo solo con un morral y su pasaporte a cuestas. Sabía que para eso debía tener planes, y oírlo compartir esas experiencias era, al menos para mí, mágico.

Un día, al pueblo llegó un circo y creo que nunca lo vi tan entusiasmado con una idea como esa vez. Pero contrariamente a lo que pensaba, su alegría no estaba en el entretenimiento del circo, sino en el circo como tal. Creo que por primera vez pudo visualizar de qué manera podía materializar esos sueños con los que nació.

Cada día, durante el tiempo que estuvo ahí el circo, lo veía hablando con los malabaristas, con los trapecistas, y así, entonces, tuvo su primer contacto con lo que tiempo después sería su forma de vida.

El reencuentro

Pasó un tiempo y dejé de verlo y de saber de él. Como así pasa con muchas personas, la verdad es que no me fijé y él, sencillamente, así como llegó a mi vida un día, desapareció de ella.

Al salir de la preparatoria, el curso hizo un viaje final, así que viajamos a una ciudad turística. El grupo estaba conformado por al menos 42 muchachos, entre 16 y 18 años, así que los cuatro representantes que fueron a cuidar de esa muchedumbre de hormonas alborotadas y que casi por primera vez, era libre por una semana de la mirada de sus padres, sencillamente eran insuficientes.

Una de las noches, fuimos a una discoteca. La verdad es que no soy muy amante del rock pesado, así que rápidamente salí de aquél sitio en el que además del humo propio de los antros, habían mil sustancias más dando vueltas en esa atmosfera.

Caminé extasiada y de noche por una ciudad desconocida. No tenía prisa, así que me fui disfrutando del paisaje, de la arquitectura de una época de antaño que se negaba a morir y de esa vida nocturna que se veía por doquier.

Por fin, llegué a un Mc Donald’s, y decidí entrar porque moría de hambre. Debo confesar que me tocó compartir apartamento con cinco compañeras que no tenían la más mínima idea de lo que era hacer las compras para la despensa, así que después de que cada quién entregó buena parte de su dinero para hacer el mercado para seis personas y que durara una semana, los víveres no alcanzaron siquiera para dos días, así que ahí estábamos, muriendo todas de hambre.

Afortunadamente, yo que siempre fui un poco celosa de esas manías de grupos, di la colaboración necesaria pero guardé buena parte de mi dinero previendo que pasaría lo que efectivamente, pasó.

Lo cierto es que luego de ordenar mi amada hamburguesa de pollo, decidí sentarme cerca del vidrio que daba hacia la calle. Afuera veía el movimiento de la ciudad, los semáforos y los carros que se detenían en los cruces para esperar que otros vehículos pasaran.

Ahí entonces, ví a un zanquero. Estaba vestido de negro y con su cara pintada como una calavera, al estilo de las catrinas mexicanas. Seguí observando su show, el cual consistía en lanzar unas botellas plásticas como las que se usan en el bowling hacia arriba, y hacer que estas quedaran suspendidas por varios minutos en el aire mientras el iba haciendo piruetas con sus zancos y lograba nuevamente atraparlas todas. Eran 10 o 12 si no me equivoco. Una hazaña para mí, que ya hubiese querido alcanzar ese equilibrio con mis zapatos de plataforma.

Todo esto lo hacía a cambio de las monedas que los conductores y transeúntes quisieran darle y además y como punto extra, sin dejar de sonreír ni un solo momento. No importaba si recibía algún insulto de los conductores o si estos disfrutaban el show y se iban sin dejar nada a cambio. Él solo sonreía y disfrutaba de lo que hacía.

Seguía mirando mientras me comía la hamburguesa y entonces, lo ví saludar en dirección hacia donde yo estaba. Volteé pensando que había alguien más detrás de mí, pero no era así. Cuando giré la vista una vez más hacia donde aquél extraño estaba, lo vi emocionado y con sus zancos venir hacia mí.

Se paró justo afuera y solo nos dividía el vidrio de cristal perfectamente limpio, al que él pegaba sus labios en señal de estarme besando y entonces, así, miré esos ojos que no olvido: ¡Era Eduardo!

Emocionada, solté la hamburguesa y tomé mi cartera para salir a saludarlo. Habían pasado unos 2 o 3 años desde la última vez que lo había visto pero ni todo ese tiempo fue suficiente para olvidar el brillo de su mirada, la perfecta curvatura de su sonrisa y sus dientes impecablemente simétricos que complementaban aquél rostro mágico que no olvido.

Mientras salí del restaurante, él comenzó a quitarse los zancos, así que tuve que esperar unos minutos a que todo ese lapso de tiempo pasara para poder abrazarlo. Una vez que estuvimos a la misma altura, nos abrazamos muy fuerte. Nos despegábamos para vernos a la cara, sonreír y nos volvíamos a abrazar mientras brincábamos de la alegría.

Fue un reencuentro maravilloso, lleno de alegría, de amor, de emoción. Nunca hubiese pensado ni por un segundo encontrarlo ahí. Nos reímos, conversamos largo rato y esa noche y los siguientes dos o tres días, se dedicó a mostrarme los sitios maravillosos de esa ciudad, los que no aparecen en los mapas turísticos, los que se quedan grabados en la memoria para toda la vida.

Me dijo que cuando el circo se fue del pueblo, no pasó mucho tiempo para que él le dijera a sus padres que se uniría a él y ellos obviamente, pegaron el grito al cielo. Lo corrieron de la casa y él, así como siempre soñó, agarró su mochila y se dedicó entonces a ubicar a los del circo.

Los encontró varias ciudades más adelante y decidió acompañarlos. Ellos le enseñaron todo lo referente al malabarismo y trapecismo durante su gira por el país, pero cuando debieron salir del territorio nacional, no pudo acompañarlos porque no tenía sus documentos al día. Sin embargo, la propuesta de unirse seguía abierta para él.

Todo este tiempo había sobrevivido en la calle, aprendiendo otros tipos de arte como él llamaba a las artesanías que también hacía. Pinturas, franelas artísticas, bisutería y hasta joyería aprendió en esas calles. Luego decidió, más por diversión que por dinero, practicar los malabares públicamente y aunque no tuviera un circo.

No había vuelto a saber de sus padres y tampoco de su hermana, pero estaba seguro que en el algún momento lo haría. No había rencor en sus palabras. Estaba feliz, libre, tranquilo, con esos ojos llenos de brillo y alegría mientras me contaba cómo lo desterraron de sus vidas cuando dijo que no estudiaría Medicina y que se iría detrás del circo. Tampoco había arrepentimiento. Al contrario, parecía pleno.

Tiempo después, el país en el que ambos vivimos comenzó un declive económico que hizo que muchos debieran salir y buscar refugio en otras geografías.  A través de un amigo en común, supe que él había salido mucho antes de esa primera época que hizo huir despavoridos a muchos en mi país.

Me pregunté si había visto nuevamente a sus padres y hermana, pero este amigo con quien hablaba, me contó que hasta ese momento no habían vuelto a verse pero que se había enterado de que mensualmente, Eduardo enviaba dinero para sus padres y hermana pues estos habían, como muchos en el país, atravesado una fuerte crisis financiera que los dejó casi en la calle. Él, ya estaba muy estable económicamente y sí, siempre ha seguido trabajando con su arte de calle.

Me pregunté entonces, en mis adentros, qué podrían pensar sus padres ahora que la profesión respetable a la que se dedicaron toda su vida ya no era rentable para ellos y debían ser prácticamente, mantenidos económicamente por esa oveja negra que se descarriló años antes y quiso vivir su vida libre y sin ataduras.

Las respuestas aún no las sé pero, si me preguntan, estoy muy feliz por Eduardo, y aunque sé que en su camino encontró miles de trabas, desprecios y desplantes, me hace feliz saber que su bienestar no se basó en el qué dirán y decidió romper con los prejuicios de una familia que lo consideraba, un loco e inmaduro.

Liberación del Árbol Genealógico

Estoy segura que como la historia de Eduardo, hay muchísimas más que se siguen escribiendo o que tuvieron un feliz término, al menos para él. Sin embargo, también soy muy consciente de que el término de Ovejas Negras también se ha acuñado a quienes de manera destructiva, forman parte de un núcleo familiar.

Generalmente, se llama Ovejas Negras a los miembros del árbol familiar que no se sienten cómodos con las normas, estándares, escalas y tradiciones del sistema del que vienen.

Son esos que llevan la contraria, que se preguntan ¿Por Qué? los que ponen en duda la normalidad y las creencias que quizás, por generaciones, se han implementado dentro de su núcleo familiar.

En su camino son rechazados, juzgados y si nos vamos más allá en la historia, nos encontraremos con que otros, como por ejemplo aquella Reina quién es reconocida como Juana La Loca, han sido hasta humillados e incapacitados por sus ideas contrarias a las que la mayoría promueve y apoya.

En el mundo espiritual y energético, se cree que estos integrantes, son justamente los llamados a liberar el árbol de historias repetitivas que frustran a generaciones enteras por el hecho de no atreverse a revelarse. Ellos son quienes sí lo hacen, los que tuercen los caminos de su linaje y como buen o mal ejemplo, terminan llevando la contraria de la historia y el futuro familiar.

De hecho, se cree que esta actitud «rebelde», cumple un papel importante dentro de los sistemas familiares, pues con ella se logra reparar, sanar o desintoxicar las dinámicas posteriores dentro de cada núcleo.

Gracias a estos miembros, nuestros arboles renuevan sus raíces. Su rebeldía es tierra fértil, su locura es agua que nutre, su terquedad es nuevo aire, su apasionamiento es fuego que vuelve a encender el corazón de los ancestros.

Y es que según estas creencias, los ancestros de cada generación familiar van dejando un montón de deseos reprimidos, sueños inalcanzados, talentos que nunca mostraron y que por ende, fueron motivo de frustración en ellos, entre otras conductas que los reivindicarían, al menos, a escala energética.

Entonces, el árbol genealógico sería algo así como una división entre quienes en el hecho de castrar sueños ven normalidad y los ancestros, que, estarían deseosos de ver a un miembro de la familia honrarlos imponiéndose a esa normalidad.

Que nadie te haga dudar, cuida tu “rareza” como la flor más preciada de tu árbol . Eres el sueño realizado de todos tus ancestros.

¿Por qué Oveja Negra?

Cómo hoy en día cada quien según sus propias experiencias le da un significado a las palabras para entender lo que su consciente tolera, debo explicarte que el término de Oveja Negra es un poco coloquial y forma parte de una cultura de experiencias ajenas.

Resulta que es común que en los rebaños de ovejas, algún gen recesivo haga blanco en uno de estos animales, por lo que su pelaje entonces es negro. A estos animalitos, en lugar de considerárseles únicos y valiosos por su extrañeza, se les hace a un lado prácticamente, pues su lana no puede ser teñida como la blanca, por ejemplo, así que es considerado como de menor valor.

En el ámbito humano, la oveja negra es esa inconforme, que pregunta, que genera cambios dentro de los patrones "normales" y brinda nuevas perspectivas que no siempre son tomadas de la mejor manera.

En mi opinión, la función de las ovejas negras es imprescindible para la evolución de los sistemas familiares. Es importante, al menos para mí, entender que cada familia es un grupo de individuos que funcionan como un sistema en el que cada uno debe comportarse y actuar en base a unas reglas que aportan identidad, unión y armonía a ese grupo.

Entonces, además, vamos caminando por la vida, integrando también, aquellas conductas, patrones de comportamiento o normas que encontramos en otros sistemas y que consideramos aceptables incluso para el nuestro.

En estas conductas o normas podemos encontrar valores, hábitos y creencias que son los que nos dan la base para convivir e interactuar en nuestro entorno, pero de igual manera, hay otro grupo de patrones que también debemos incluir y que se han desarrollado en torno a las limitaciones, miedos, supersticiones, heridas, frustraciones, complejos y tristezas de otros miembros de nuestra familia, incluso, si ya estos no están.

Supongamos, por ejemplo, que los ancestros de un sistema familiar debieron por alguna razón, huir de su país por ser perseguidos políticos en medio de un conflicto político. Ese sistema, así como los siguientes, vivirán una vida al margen de la actividad social, dentro de la prudencia y de alguna manera, con una sensación de miedo, aunque ya desde muchas décadas atrás, la situación haya cambiado para ellos.

De hecho, conocí a una muchacha descendiente de alemanes de la época del Holocausto. La experiencia que cuentan fue bastante amarga, al punto de que sus abuelos debieron huir para no ser asesinados. Perdieron todo. Vivieron escondidos por meses en un sótano y luego, fueron trasladados como contrabando para salvarles la vida. Llegaron a mi país y con humildad y trabajo, comenzaron desde cero. Tenían una fábrica de cristales y aunque eran absolutamente trabajadores y honrados, eran muy desconfiados y poco conversadores.

Todo su entorno vivía de una manera sombría, recelosa, desconfiada. Así eran todos los miembros de su familia y creo, que fue algo que adoptaron las nuevas generaciones aún y cuando todo ese desastre que debieron vivir sus ancestros, había terminado y no corrían ningún peligro.

Ella, comenzó a hacer amistades en el colegio. Era muy espontánea y risueña y obviamente, desentonaba absolutamente con las caras largas y misteriosas de sus padres, abuelos y bisabuelos. Frecuentemente, escapaba para ir a alguna fiesta, así que era castigada terriblemente por eso y cuando en alguna de esas oportunidades fui a buscarla en su casa, realmente, me parecía estar dentro de un campo de concentración.

Cada clan es el reflejo de sus dones y de sus virtudes, pero también de sus traumas y de sus miedos

Lo que sufre la oveja negra

Cada sistema familiar se compone de una serie de pautas y normas que deben mantenerse y entre las que se pueden nombrar por ejemplo, que se garantice que todos los miembros cumplas las normas y que no las trasgreda, en función del equilibrio de esa unidad.

Generalmente, cuando estas reglas o patrones de comportamiento son traspasados, a la oveja negra se le responde con exclusión física o emocional, soledad, abandono, rechazo, no reconocimiento, desprecio, entre otras.

En ese caso, pareciera que la familia encontró un detonante en el que cada evento que ocurra, será responsabilidad de esa oveja descarriada, aunque no sea así.

Y es que en la mayoría de los casos las normas de la familia, los valores, las necesidades han sido superadas en medio de conflictos y situaciones dramáticas que han quedado en el tiempo como colgadas, sin resolver y cuando la oveja negra las deja en descubierto, todo el peso del juicio y el desamor cae sobre sus hombros.

Son generadores de cambio y su actitud, llamada rebelde, constituye un camino de liberación para todo sus sistema familiar, haciendo que las leyes familiares cambien y se actualicen para las condiciones que viven ahora.

Cuanto mayor sea el complejo de un sistema familiar, más impacto causará la oveja negra. El conflicto que representa es el reflejo del problema que prevalece en su entorno y que no ha sido sanado.

Son tan necesarias como la evolución

Si bien no todos somos ovejas negras, al menos conocemos a un caso de alguien que sí lo es y entonces, debemos recordar que dentro del marco del respeto, todos tenemos cabida porque no existe una normalidad total.

Lo que bien puede funcionar para unos, para otros no. Lo que resulta correcto para un grupo, para otros puede ser considerado como un sacrilegio, así que cada vez que vayas a pensar en referirte a alguien como oveja negra, piensa que tal vez, esa persona es solo como quiere ser y no como tu quieres que sea.

A lo largo de la historia hay muchos ejemplos de personas que pudieron ser en su momento, la oveja negra del sistema, llámese familia, entorno o sociedad. Y es que si no fuera por la rebeldía de algunos, tal vez la humanidad no conociera algunas maravillas o seguiría estancada en un sistema de creencias esclavizantes.

Piensa por ejemplo, en el primer esclavo que quiso estudiar y encendió la mecha de la libertad en sus pares; o en esa mujer que decidió un buen día que ella también quería tener un empleo o aprender a conducir un automóvil. Piensa además en ese que no se quedó quieto y con dos palos de madera siguió intentando hacer chispas hasta lograr el fuego, mientras tal vez sus pares le decían loco.

La familia como base de la sociedad es de extrema importancia, por eso, muchos creemos en ella como pilar fundamental desde donde se forman individuos que logren cambiar los paradigmas de la humanidad y permitir que esta siga evolucionando favorablemente para el bien de todos.

Las llamadas ovejas negras entonces vienen a este mundo no solo a sanar a sus familias, sino a crear cambios y a romper tabúes que han limitado la evolución desde sus propias bases y sistemas.


Para mí, como ya lo he expresado en muchas ocasiones, representa un verdadero gusto conocer historias de personas que no se conforman, que continúan sin rendirse a pesar de estar conscientes de que desentonan las creencias o sistemas de sus ancestros.

Y no es rebeldía lo que me ocurre. Solo que he conocido tantas historias increíbles de esos que no se dejan, de los que son curiosos, de los que cambian los pensamientos e incluso, sentimientos de un núcleo solo con su actuar desentonado, que siempre es gratificante encontrarlos en mi camino.

Para mí, las ovejas negras son esos que definitivamente, no forman parte del rebaño y que hacen falta para cambiar el entorno y hacerlo además, de una manera inolvidable.

Y tú, ¿Conoces alguno de estos personajes?

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