Karni Mata: Un Templo De Veneración de Ratas

Si tienes algún tipo de fobia a las ratas y a los ratones, este artículo tal vez no es para ti, pero sin por el contrario, eres de esas personas curiosas que vino hasta aquí para enterarse de la razón por la cual en La India existen no uno, sino varios museos en los que estos roedores corren libremente por espacios llenos de personas, entonces, bienvenido, porque la historia sí que es interesante.

Tal vez, una de las primeras impresiones que tuve cuando supe de este lugar, es saber que miles de peregrinos caminan largas distancias para llegar a ese museo ubicado entre Nueva Dheli y la frontera occidental de La India, solo con el ánimo de venerar a estos animales que para ellos son sagrados.

Fue entonces cuando agradecí haber nacido en occidente pues gracias a mi asco por las ratas y ratones, llegó a mi vida mi querida gata Catalina, que sin necesidad de matar a uno solo de estos animales, los ahuyentó para siempre de mi hogar, pero esa ya es otra historia.

Ahora me dispongo a contarte el por qué las ratas en el Hinduismo son animales sagrados y además, el por qué el museo Karni Mata, es el paraíso al que toda rata y ratoncito de seguro, quieren llegar. ¡Comenzamos!

¿Quién es Karni Mata?

La palabra Karni significa Milagro y ese fue el nombre con el que una pareja de hindúes, por allá en el siglo XIV, bautizó a su hija cuando ésta tenía 6 años, luego de que sanara a su tía de una herida en la mano, además de haber ya salvado a su padre de una mordedura de serpiente.

En realidad, Karni no es un nombre sino un titulo que esta pequeña ganó por sus hazañas curanderas con sus familiares.

Una vez creció, de inmediato un joven se interesó en ella para desposarla, a lo cual su padre accedió. Lo interesante es que aunque ella contrajo nupcias con Kipoji Charán, su enamorado, una vez que estuvo casada se negó a mantener relaciones carnales con su esposo, quien al parecer, al principio creyó que con el paso del tiempo, ella cedería.

Sin embargo, no solo no fue así y ella mantuvo su celibato sino que Karni arregló un matrimonio entre su hermana menor y su esposo para que así, él pudiera darle rienda suelta a sus deseos sexuales. Muy adelantada a su época la Karni y muy considerado Kipoji al aceptar.

Ella permaneció en el hogar de sus suegros durante dos años, pero una vez que pasó este tiempo, decidió que quería vivir a sus anchas, como nómada y dormir donde la noche le diera. Para esto, además contaba con la presencia de un montón de seguidores y un buen número de ganado que se llevó con ella.

Entonces, así no más Karni se despidió de su familia y echó a andar por esos desiertos de La India, hasta que un día la caravana nómada liderada por ella, pasó por un campamento dentro de la Villa de Janglú y pararon ahí con la intención de conseguir agua.

Sin embargo, el delegado del soberano les impidió el acceso al agua potable y Karni, en respuesta, nombró así no más, como si nada, a uno de sus seguidores como el nuevo gobernador de la aldea. Acto seguido y muy segura y empoderada, se echó a andar con el resto de la caravana que hasta ese momento la acompañaba.

Fue entonces cuando llegaron a la región de Deshnoke, un pueblo ubicado en el estado indio de Rajastán, al noroeste de La India, a unos 30 kilómetros al sur de Bikaner.

Cuando estaban ahí, en Deshnoke, hubo un revuelo porque indignado por la decisión que había tomado Karni, el soberano de la Villa, Rao Kanha, se apersonó en el pueblo para impedir que la caravana continuara su camino. 

Sin embargo y no se sabe cómo ni por qué, Rao murió misteriosamente por lo que Karni y sus fieles seguidores decidieron radicarse en esas tierras.

Se dice que la estadía de Karni en esas tierras, trajo reconciliación entre familias rivales, por lo que garantizó la paz de la región y ya lo creo que así fue, porque con ese carácter, Karni se las traía.

La muerte de Karni es una más de las extrañezas de esta historia, pues se cuenta que ella nunca perdió su gusto por las peregrinaciones, así que en la última que hizo y en la que se dice, contaba ya con más de 151 años de edad, paró en un sitio y le dijo a sus acompañantes y fieles que iría por agua y nunca más regresó.

Y así, con su muerte, nació entonces la leyenda de que Karni era realmente una encarnación de la Diosa del hinduismo, Durga, quien además de ser hermana del Dios Vishnu, se piensa que es una de las representaciones de la Diosa Madre, creadora del todo el universo.

La relación con las ratas

Otra de las leyendas por la que Karni es conocida es por aquella que cuenta que un ejército de 20 mil desertores de una batalla en algún punto del noroccidente hindú, llegó al poblado en el que habitaba Karni, Deshnoke.

Al parecer, en esos tiempos desertar era penado con la muerte, por lo que los angustiados hombres le suplicaron a Karni que los dejara quedarse en aquél pueblo.

Para entonces, Karni ya era considerada como la rencarnación de la Diosa Hindú, Durga, y con misericordia respondió a las súplicas de aquellos hombres y les permitió quedarse en la ciudad. Ellos, agradecidos por su gesto, se ofrecieron a servirle como soldados, incluso después de su muerte, en forma de ratas.

Otra de las leyendas sobre Karni y su relación con las ratas, asegura que Laxman, uno de los hijastros y sobrinos de la diosa reencarnada, murió ahogado en un pozo mientras intentaba tomar agua, por lo que ella suplicó a Yama, el Dios de la Muerte, que le devolviera la vida.

Al parecer, Yama, quería quedarse con sus almas humanas, por lo que se negó y fue así como Karni, quien ya hemos visto lo voluntariosa que era, hizo que tanto Laxman como todos los varones descendientes de sus seguidores, reencarnaran en ratas.

Las Ratas Negras

Entonces, así fue como se originó la relación de esta reencarnación de Diosa con los roedores, por lo que ¿Cuál fue la mejor idea para recordarla y venerarla? Pues sí, construir un templo con paredes de mármol, portones de plata maciza y pasillos minúsculos entre las paredes para que más de 20 mil ratas convivan ahí.

Sí, así como lo lees, en el sagrado templo de Karni Mata, existen más de 20 mil ratas negras que cientos de miles de visitantes, acuden año tras año a venerar, alimentar y cuidar con la fe puesta en que recibirán de la Diosa algún tipo de favor.

También hay ratas blancas, pero éstas en proporción con las negras, tienen un número considerablemente bajo que no llega a superar ni siquiera el 1 por ciento de la otra especie, por lo que quienes cuidan los espacios, aseguran que se trata de la misma Karni o alguna de las reencarnaciones de sus hijos.

Si pensabas que las vacas eran los únicos animales sagrados de La India, no te quiero ni contar todo el consentimiento que reciben los roedores en este museo, en el que es un requisito indispensable entrar descalzo, para cuidar de no hacer daño a ninguna de las ratitas.

A las ratas, allá en su paraíso de La India, se les llama Kabbas, y tanto es lo que las cuidan que si por casualidad, en tu tránsito por el lugar, algún visitante llega a lastimar a alguna de ellas, los guardianes no te dejarán salir si no pagas el peso del animal nada más y nada menos que en oro.

Aunque se desconoce el momento exacto en el que este templo comenzó a construirse, es de plano, un hecho rotundo que se hizo con toda la intención de que allí vivieran ratas, pues por todo el lugar se pueden ver entre las paredes y por debajo de ellas, canales perfectamente construidos para que las ratas vayan comodamente de un lugar a otro.

Lo que sí se sabe es que cuándo el templo comenzó a ser construido, ya ese pueblo era un punto importante de peregrinación, incluso antes de la muerte o desaparición de Karni.

También se sabe a ciencia cierta que la obra estuvo terminada a principios del siglo pasado, fecha en la que desde las 4 de la mañana, cada día, las puerta del lugar se abren para que creyentes y turistas entren a venerar a los roedores.

Debo decirte que estos roedores, nada tiernos en el mundo occidental, en este templo son mucho más importantes que las personas, pues los devotos las consideran protectoras y servidoras de la diosa, así que quienes asisten no por curiosidad sino por fe, llevan comida para atraer a los animales.

Y es que se piensa que si una de las ratas pasa por encima de tus pies, es una señal de buen augurio, por lo que muchos se instalan a esperar que eso suceda y para eso, llevan cebos como leche, frutas y dulces, con la intención de hacer que estos se acerquen y los toquen. Y si eres afortunado y es una de las ratas blancas la que se acerca, pues nada, considérate bendecido por el destino.

Incluso, hay quienes comen los alimentos que dejan las ratas pues aseguran que esto les traerá bonanza y si me preguntas si alguno de ellos se ha enfermado, pues la verdad no sabría decirte pero solo piensa en un lugar con 20 mil ratas corriendo y haciendo del baño en cualquier lugar.

Claro está, los guardianes del lugar, limpian con una especie de escobillones hechos de restos de ramas las heces que van encontrando durante varios momentos del día, pero la verdad es que no es que la limpieza sea muy a fondo pues algunos turistas que han documentado su visita, han descrito olores nauseabundos debido al orine y heces de los animales.

Los hindúes están muy acostumbrados a ver a las ratas, e incluso, buscan con los cebos que ellas se acerquen, por eso tal vez reciban con frustración el hecho de que cada cierto tiempo se escuche el grito de algún turista asqueado, pues esto generalmente significa que alguno de los animales rozó con él y esto es lo que justamente, ellos desean.

Sobre las ratas

La rata negra (Rattus rattus) que hace vida en el museo de Karni Mata es originaria de Asia y se trata de un animal de mucha más agilidad que la rata parda, que es la que comúnmente vemos en nuestro entorno.

Es una gran trepadora, por lo que puede subirse fácilmente a los árboles y tejados, en donde llega a nidificar, pero, la verdad es que estos animales tan inteligentes y rápidos, prefieren vivir en la comodidad del hogar o de cualquier espacio humano.

El promedio de medida es de entre 16 y 22 centímetros de largo solo en el cuerpo, mientras que su cola lampiña puede llegar a medir entre 17 y 22 centímetros. Su peso medio es de unos 250 gramos, así que si decides visitar el templo de las ratas, piensa en eso pues como te dije antes, si llegas a matar o a lastimar a uno de estos animales, deberás pagar su precio en oro.

Estos animales son omnívoros por naturaleza y cuando hacen vida en ella, comen bayas, frutos, brotes vegetales, huevos de pájaro e insectos, lo que hace previsible su presencia en huertos y jardines.

Sin embargo, cuando hacen nido en casa, comen todo lo que se puedan comer y esto va desde cualquier alimento humano, hasta telas, muebles, sobras, entre otras.

Debes saber que son animales sumamente rápidos e inteligentes y de los que se mueven en colonias, por lo que si vez uno, en realidad no es uno, son muchísimos que tú en tu ignorancia, puedes pensar que es el mismo.


La verdad es que aunque a algunos nos produzca grima o una sensación de asco estar cerca de estos animales, alrededor del mundo hay una cantidad de culturas que piensan que las ratas, ratones e incluso, murciélagos, son solo parte de la energía que mueve al cosmos.

Lo cierto es que, por los momentos y quien sabe por cuanto tiempo más, decido no ser parte de esa parte de la humanidad para quien una rata representa un animal sagrado o la reencarnación de un Dios.

¿Y tú? ¿Te atreverías a visitar este museo de ratas? Cuéntame en los comentarios.

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